(Testimoni 4

Una de les coses més positives de dedicar-se al que ens dediquem és la de conèixer a persones sensibilitzades, generoses, extraordinàries. Aquest fet cobrà la màxima expressió quan un dijous de repartiment rutinari, dos clientes, Maite i Ana, ceramistes de vocació i professió,
se presentaren a per les seues respectives comandes carregades amb dos caixes plenes d’unes precioses tasses de ceràmica. Tots aquells ‘Yunomis’ (així es diuen), amb el logo gravat de Vorasenda, eren un regal per al projecte. Per què sí, perquè els apetia. Després d’un temps rumiant què fer amb els Yunomis, se’ns va ocórrer repartir-los entre les clientes i els clients a canvi d’un xicotet detall. 

Regalariem un parell de Yunomis a qui ens enviés un escrit responent a la pregunta: ‘Què significa per a vosaltres formar part de Vorasenda?’ Els textos anaren arribant.
Cada setmana utilitzarem el nostre Facebook i la nostra pàgina web per a penjar aquestos valuosos testimonis, les veus (tan a sovint ocultes) de qui, al cap i a la fi, amb el seu compromís i confiança, sostenen les nostres vides, i sostenen aquest projecte amb els valors que el fonamenten.

“Quizás suene extraño que para mí formar parte de Vorasenda tenga una relación enigmática con mi vida, que represente recuerdos e ilusiones, forme parte del pasado y del presente. Son los recuerdos de mi abuelo a la hora de la comida diciendo “los tomates ya no saben a nada”, pensar en la suerte de haber tenido un pasado con una alimentación ecológica sin que fuera una necesidad. Él, que adoraba la buena comida, cuando se hizo mayor decía esas frases ofendido porque la fruta y la verdura habían perdido el sabor de su infancia y juventud. Se ha perdido los tomates de Vorasenda que cuando los saboreo me recuerdan a su frase y pienso que todavía podemos volver a los orígenes.

Por otro lado, Vorasenda puede que me arraigue a mi infancia. Yo no siento tener raíces con mi pueblo, con mi cultura, no siento ninguna tierra como mía, pero me maravilla recordar aquellos días que empezaban a alargar y las tardes en las que podía sentirme totalmente libre rodeada de huerta, jugar y correr alrededor de los campos, el cambio de colores y olores, observando a los hombres de campo de mi pueblo paseando por sus huertas con esa humildad de una vida sencilla y cansada al mismo tiempo.

Vorasenda, si vuelvo al presente, es la ilusión de saber que las cosas no tienen que ser como nos las imponen, que hay alternativas. Es poder decirles a mis alumnos que otro mundo es posible retomando el pasado en un presente que va demasiado rápido, cambiar el mundo en su entorno como lo ha hecho Vorasenda de una manera tan familiar y auténtica.

(Por último y en clave de humor, decir que formar parte de Vorasenda es maldecir a mi intestino por haberme prohibido poder comer todas las verduras verdes que antes compraba en las cajas de Xavi y que eran una delicia)”. (Foto enviada per María)