Mapa PGOU

Dins del projecte de l’Observatori de L’Horta s’ha creat un apartat específic pel PGOU. En aquest mapa podem vore el Parcelari afectat pel PGOU i el retall del nou sòl urbanitzable:

– “pacel·lari afectat pel PGOU” [on es veu la superfície d’horta que desapareixeria]
– “PGOU retall nou sòl urbanitzable” [on es veu en detall el que proposa el PGOU]

Veieu el mapa interactiu en un tamany més gran.

mapa pgou

Font: http://perlhorta.info/hortaesfutur/visor

 

El Plan Urbanístico de Valencia recalificará 415 hectáreas de huerta

El Plan Urbanístico de Valencia recalificará 415 hectáreas de huerta

Per RAQUEL ANDRÉS DURÀ 

‘Per l’Horta’ denuncia que la ciudad tiene “más de 57.000 viviendas vacías y 38.000 solares para construir” | Piden la paralización “temporal” del plan, que creen que se ha hecho “con prisas” para aprobarlo antes de las elecciones. (Foto: Zona de huerta contigua al barrio valenciano de Benimaclet, afectada por la recalificación del PGOU LVD).

El pasado 26 de diciembre el pleno del Ayuntamiento de Valencia aprobaba, con los votos en solitario del PP, someter a información pública la nueva documentación de la revisión simplificada del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Valencia. El concejal de Urbanismo, Alfonso Novo, defendió el nuevo planeamiento como una “buena revisión” que se ajusta a la situación de la ciudad, aunque ni la oposición ni colectivos en defensa de la huerta están de acuerdo con esta visión.

El movimiento social Per l’Horta inició el miércoles una campaña de recogida de firmas en Change.org con la que exigen la “paralización temporal” del nuevo PGOU. Lamentan que plantee urbanizar 415 hectáreas de la Huerta de Valencia cuando “actualmente tiene más de 57.000 viviendas vacías y 38.000 solares para construir”. Los barrios afectados son Campanar, Benimaclet, Castellar-Oliveral, la Torre o la Punta.

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Los que alimentan el hambre

Per Martín Caparrós

La transformación de la comida en un medio de especulación financiera ya lleva más de veinte años. Pero nadie pareció notarlo demasiado hasta 2008. Ese año, la gran banca sufrió lo que muchos llamaron “la tormenta perfecta”: una crisis que afectó al mismo tiempo a las acciones, las hipotecas, el comercio internacional. Todo se caía: el dinero estaba a la intemperie, no encontraba refugio. Tras unos días de desconcierto muchos de esos capitales se guarecieron en la cueva que les pareció más amigable: la Bolsa de Chicago y sus materias primas. En 2003, las inversiones en commodities [materias primas] alimentarias importaban unos 13.000 millones de dólares; en 2008 llegaron a 317.000 millones. Y los precios, por supuesto, se dispararon. (Un granjero sembrando arroz en Ngoc Nu village, al sur Hanoi (Vietnam). / KHAM (REUTERS)

Analistas nada sospechosos de izquierdismo calculaban que esa cantidad de dinero era quince veces mayor que el tamaño del mercado agrícola mundial: especulación pura y dura. El Gobierno norteamericano desviaba cientos de miles de millones de dólares hacia los bancos “para salvar el sistema financiero” y buena parte de ese dinero no encontraba mejor inversión que la comida de los otros.

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El silencio entrecortado del Racó de l’Anell

Per Enrique BoixRaco 01

A espaldas de Valencia, entre el hueco virgen a la especulación que todavía existe entre Valencia y Tavernes Blanques sobrevive el Racó de l’Anell. Y sobrevive gracias a la crisis. Extraña paradoja. Las telarañas de las arcas municipales han evitado que un surco de asfalto rasgue por enésima vez la Vega de Valencia. No hay dinero para más carreteras. De momento. La Ronda Nord y la alambrada que la circunda separan a los vecinos de Torrefiel de este penúltimo reducto deL’Horta. Alguien podría decir que ni se conocen. Y eso que urbanitas y huertanos están a tiro de piedra. Sólo una escalerilla metálica en la avenida Hermanos Machado y una senda junto a San Miguel de los Reyes sirven al paseante para acercarse al Racó de l’Anell. Su nombre nace del anillo que forman las aguas de las acequias de Rascanya y la Font al cruzarse sin tocarse.

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Per un bulevard de merda

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Per Xavi Sarrià

Li agrada perdre’s cada matí pels camins d’horta. Encara és jove, però la treballa des de fa molts anys. Habita una barraca llogada més enllà del Bulevard Sud. Des d’allí, la visió de València és grotesca. Les formes gegantines del Palau de les Corrupcions despunten entre centres comercials i gratacels d’aparences. Si mirem cap a la mar, tampoc no ens n’escapem: la parafernàlia del port, l’autovia V-15 i les vies del tren complementen un paisatge d’abandonament i deixalles que ens alerta de l’horitzó madmaxià. (Foto: Horta de Carpesa/Carlos Luján)

Però no tot està perdut. La barraca on viu ho recorda. Encara s’alça orgullosa entre els sabors i les olors mil·lenàries.

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El cliente tiene la razón y el poder

Per 

  • El auge de las aplicaciones para móviles que permiten valorar y boicotear a productos, empresas y Gobiernos impulsan nuevas referencias para el consumo

(Foto: Las compras de ropa por Internet se están popularizando. / SAMUEL SÁNCHEZ)

El poder de decidir. Quizá todo se concentre en esa frase. El consumidor se desvanece y surge el activista. Desde hace unos meses están llegando a los teléfonos inteligentes una serie de aplicaciones (GoodGuide, OpenLabel, Check-in for Good, Mogl) que permiten, leyendo el código de barras del producto, saberlo todo o casi todo del artículo. Origen, ingredientes, procedencia. O si, por ejemplo, sus propietarios apoyan a un partido político u otro. Pero tal vez el elemento más revolucionario sea que algunas apps (BuyCott, Boycott Invaders) ofrecen la posibilidad de boicotear empresas, productos o incluso países. “Un consumo consciente y sostenible puede transformar la orientación sociopolítica del mundo”, avisa el filósofo Javier Sádaba. Ahora bien, “todo esto exigirá movimientos sociales serios y una constante pedagogía”, añade. ¿Será posible alinear tantos planetas?

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