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Font: The new York Times

Conforme el crecimiento de los países adinerados se desacelera, las empresas multinacionales se están expandiendo vigorosamente en países en vías de desarrollo gracias a su venta de comida chatarra y bebidas azucaradas.

FORTALEZA, Brasil — El eco de los gritos de los niños en el aire húmedo de la mañana mientras una mujer empujaba un reluciente carrito blanco a lo largo de calles deterioradas y llenas de basura. Estaba haciendo entregas a algunos de los hogares más pobres en esta ciudad costera; llevaba pudín, galletas y otros alimentos empaquetados en su ruta de ventas. (Imatge: Da Silva y otros vendedores como ella hacen entregas regulares para Nestlé a un cuarto de millón de hogares en Brasil. CreditWilliam Daniels para The New York Times)

Celene da Silva, de 29 años, es una de los miles de vendedores de puerta en puerta de Nestlé; así ayuda a que los conglomerados de alimentos empaquetados más grandes del mundo expandan su alcance a un cuarto de millón de hogares en las esquinas más recónditas de Brasil.

Mientras entregaba paquetes con distintos sabores de pudín Chandelle, chocolates Kit Kat y cereal Mucilon para niños, había algo sorprendente acerca de sus clientes: era evidente que muchos tenían sobrepeso, incluso los niños pequeños.

Señaló una casa que se encuentra en su ruta y sacudió la cabeza, recordando cómo su patriarca, un hombre con obesidad mórbida, murió la semana previa. “Comió una rebanada de pastel y murió mientras dormía”, dijo.

Da Silva, quien pesa alrededor de 100 kilos, descubrió hace poco que tenía hipertensión, una afección que reconoce tal vez está relacionada con su gusto por el pollo frito y la Coca-Cola que bebe en cada comida, incluido el desayuno.

El ejército de ventas directas de Nestlé en Brasil es parte de una transformación más amplia del sistema alimenticio que está entregando alimentos procesados y bebidas azucaradas al estilo occidental a los rincones más aislados de Latinoamérica, África y Asia. Conforme su crecimiento se desacelera en los países más adinerados, las empresas multinacionales de alimentos como Nestlé, PepsiCo y General Mills han estado expandiendo su presencia vigorosamente en los países en vías de desarrollo, a través de enormes campañas de mercadotecnia que están modificando drásticamente las dietas tradicionales de países como Brasil, India o Ghana.

Un análisis de registros corporativos, estudios epidemiológicos e informes gubernamentales realizado por The New York Times —así como entrevistas a numerosos nutriólogos y expertos en salud de todo el mundo— revela una enorme transformación en la manera en que los alimentos se producen, distribuyen y anuncian en gran parte del planeta. Es un cambio que, según muchos expertos en salud pública, está contribuyendo a una nueva epidemia de diabetes y cardiopatías, enfermedades crónicas que aumentan debido a los altísimos índices de obesidad en lugares que se vieron afectados por el hambre y la desnutrición hace apenas una generación.

La nueva realidad se ejemplifica con un solo hecho evidente: en todo el mundo, hay más gente obesa que con peso insuficiente. Al mismo tiempo, dicen los científicos, la creciente disponibilidad de alimentos altos en calorías y con pocos nutrientes está generando un nuevo tipo de desnutrición, uno en el que un número creciente de personas sufren al mismo tiempo sobrepeso y desnutrición.

“La historia prevalente es que este es el mejor de todos los mundos posibles: comida barata, disponible en todas partes. Si no se piensa mucho al respecto, tiene sentido”, dijo Anthony Winson, quien estudia la economía política de la nutrición en la Universidad de Guelph en Ontario. Sin embargo, un análisis más concienzudo revela una historia muy distinta, comentó. “Para decirlo de manera clara: esa dieta nos está matando”.

Incluso los críticos de los alimentos procesados reconocen que existen múltiples factores en el aumento de la obesidad, incluidos los genéticos, la urbanización, los salarios más altos y vidas más sedentarias. Los ejecutivos de Nestlé afirman que sus productos han ayudado a aliviar el hambre, han provisto nutrientes cruciales y que la compañía ha disminuido la sal, la grasa y el azúcar de miles de artículos para hacerlos más saludables. Sin embargo, Sean Westcott, gerente de Investigación y Desarrollo de la Unidad de Negocios de Nestlé Food, aceptó que la obesidad ha sido un inesperado efecto secundario de ampliar la disponibilidad de los alimentos procesados baratos.

“Nosotros no previmos cuál sería el impacto”, dijo.

Parte del problema, agregó, es una tendencia natural de las personas a comer en exceso porque pueden costear mayor comida. Nestlé, dijo, lucha por educar a los consumidores sobre tamaños de porciones adecuados, así como para fabricar y comercializar alimentos que equilibren “placer y nutrición”.

Ahora hay más de 700 millones de personas con obesidad en todo el mundo, 108 millones de las cuales son niños, de acuerdo con una investigación publicada recientemente en The New England Journal of Medicine. La proporción de personas que sufren obesidad con respecto al total de la población se ha duplicado en 73 países desde 1980, lo cual contribuye a la muerte prematura de cuatro millones de personas, descubrió el estudio.

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