Debería recordar la primera vez que escuché el crujido de la zanahoria al ser mordida, pero lamentablemente mi memoria sonora falla en el registro de algunos momentos importantes de la vida, como este que trato de rescatar en los recuerdos de la infancia. A cambio evoco con precisión la primera vez que percibí la alegría del plumaje de su cresta en el huerto de madre, junto a las pomposas lechugas, y el color exultante y vivaz de las rodajas frescas, ya en la cocina. (Foto: Imagen de eatcityslickers.com)

Hoy he aprendido que las zanahorias no siempre han sido de color naranja y esta sorpresa cromática es la que me ha llevado a indagar, primero, sobre esta raíz que nos comemos en salsas, postres y aperitivos y después a contarles el resultado de mi rastreo modesto. 

Hablaba del color de las zanahorias y resulta que existen variantes de un color púrpura cardenalicio, otras amarillentas con un halo de tristeza en el pigmento, algunas más de color blanco y otras muy oscuras, pero todas son zanahorias.

Existen desde hace miles de años, cuando en la zona del actual Afganistán se plantaba la variedad de piel morada que conserva el corazón naranja. No siempre se ha cultivado por su raíz, que es lo que ahora comemos, sino por sus hojas  -el plumaje verde que antes rememoraba- y por sus semillas aromáticas. Antes la zanahoria se usaba como ahora utilizamos el perejil, el hinojo o el comino, hasta que en el siglo I en la Grecia clásica se comienza a comer la raíz con fines medicinales y afrodisíacos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su camino hasta el continente europeo es incierto y aunque existen algunas ilustraciones altomedievales que constatan su cultivo por estas latitudes, parece que llegan a la Península Ibérica con los árabes, desde donde avanzan hacia el centro y norte de Europa.

La zanahoria se usaba para endulzar algunos postres, como tinte para la mantequilla y en Francia, también, sus hojas para decorar peinados y sombreros. La primera referencia escrita de consumo de zanahorias –asi consta en la web de una empresa líder en comercialización de esta hortaliza- aparece en unos documentos españoles del siglo XII en los que se señala el consumo de zanahoria con aceite, vinagre y sal.

No es hasta finales del siglo XVI cuando los holandeses consiguen producir cuatro variantes de zanahoria cuyos descendientes consumimos en la actualidad: la Early Half Long, la Late Half Long, la Scarlet y la Long Orange.

En torno a estas variantes agrícolas existe una historia que asegura que los holandeses eran conocidos entonces por sus cultivos de zanahorias de color amarillo, púrpura y blanco hasta que una cepa se desarrolló con altos niveles de betacaroteno y apareció la primera zanahoria naranja, que se puso de moda para homenajear al rey Guillermo de Orange.

La verdad es que esta historieta suena un poco a patraña pero los mejores cuentos tienen un punto absurdo, como este relato sobre las zanahorias de las que sobre todo recuerdo la alegría de sus crestas en el huerto de madre.

Me preguntan qué es la vida. Es como si me preguntaran qué es una zanahoria. Una zanahoria es una zanahoria, y no sabemos nada más”. Anton Chejov

Imatge: “Cook in front of the Stove”. Pieter Aertsen, 1559.

Font: http://iconosmedievales.blogspot.com.es/2015/02/historia-de-una-zanahoria-que-no.html?m=1