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Per Nina Benito

¿Alguna vez habéis comprado un champú o una crema creyendo que sería más ecológico porque en la etiqueta pone ‘con ingredientes naturales’? ¿Os encanta entrar en tiendas como Yves Rocher, Bottega Verde, Rituals, Kiehl’s o The Body Shop porque venden productos naturales? ¿Compráis Herbal Essences atraídas por sus componentes naturales y os untáis de cremas Le Pettir Marsellais porque creéis que sus deliciosos productos están hechos como antaño? Pues, al igual que yo, habéis sido víctimas del engaño de lo natural.

Pero ¿es lo mismo natural, ecológico, orgánico, bio y biológico? ¿qué significa que un gel esté hecho en un 95% de ingredientes naturales? ¿cómo diferencio una marca biológica de una que no lo es? ¿qué son los certificados ecológicos?

Esas son algunas de las dudas que nos asaltan a la hora de comprar un producto, sobre todo si hemos leído algo de parabenos, aceites minerales, SLS y SLES y queremos empezar a cuidarnos eligiendo fórmulas más saludables. Atrás quedaron esos tiempos en los que todo con química era mejor y el hombre se maravillaba de poder alejarse de la naturaleza y, embelesado por su poder creador, hacía productos 0% naturales. Pero que lo natural esté de moda también provoca que determinadas marcas se suban a este carro con productos que anuncian a bombo y platillo como naturales cuando llevan la misma química de siempre con algún añadido natural en ínfimas proporciones. En este post intentaré responder a algunas de estas preguntas porque el tema trae tela…

Empezaré hablando de los productos menos naturales para terminar con una verdadera experiencia orgánica (eslogan, por cierto, usado por una de las marcas que más ha explotado lo natural ¡siendo pura química!)

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En España no hay mucha tradición de consumo de productos ecológicos en comparación con otros países de la UE como Alemania, Francia, Bélgica, países nórdicos…, bien casi toda Europa 🙁 Por eso el sistema legislativo español ha sido muy laxo con lo que se podía etiquetar como Bio y lo que no. Las que tengáis un poco de memoria histórica (por la edad más que nada) recordaréis que antes todo era Bio: la leche, los yogures…, todo lo que se quisiera revestir de sano se etiquetaba como Bio. Esto era así por un Real Decreto de 2001 que permitía el uso indiscriminado de las palabras biológico, orgánico, bio y ecológico, incluso en productos hechos con ingredientes transgénicos o tratados con pesticidas químicos. Así, la UE expedientó a España por permitir este uso tan ‘al tun tun’ del término Bio. España cambió su legislación con otro Real Decreto y a partir de 2006 sólo los productos Bio podían ser etiquetados como Bio (bio, biológico, eco, ecológico y orgánico son lo mismo a nivel legal aunque etimológicamente no signifiquen lo mismo).

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Pero ¿qué pasa con el término natural?

El término natural designa eso: ingredientes naturales. Hoy en día es muy complicado encontrar cosméticos SIN ingredientes naturales. El agua mismo es un ingrediente natural que está en casi todos ellos (aunque para las certificaciones no cuenta, ¡eh! si no casi todos los champús y geles serían cosméticos ecológicos). Así, podemos encontrar un gel de ducha al que le hayan puesto dos pepitas de uva y una de tomate y ya se puede poner en la etiqueta que lleva ingredientes naturales (¡y no miente!), incluso puede poner que lleva polifenoles y licopeno, una foto de una señora dándose una ducha en una cascada paradisíaca, una foto de una uva y de un tomate y ¡ta chán! gelnatural que tenemos. Eso no quita para que el producto en cuestión lleve Sodium Laureth Sulfate, parabenos, polietilenglicol (los famosos PEG de los que también os hablaré pero podéis leer algo más sobre ellos en la entrevistaa Rob Martens, de Attitude), y toda la química que quiera el fabricante echarle. Además, si esas dos pepitas de uva o esa semilla de tomate proviniera de la agricultura ecológica podría poner un asterisco y una leyenda que rezara**provenientes de la agricultura ecológica… ¡Y no estaría mintiendo! Pero NO sería un producto ni natural ni ecológico.

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Si vamos a la sección de perfumería de un supermercado o hipermercado podremos ver un sin fin de productos para el cuidado de la piel (principalmente cremas para el cuerpo, geles y champús) llenos de fórmulas ‘naturales’. Aloe vera, aceite de argán, manteca de karité, jalea real, bayas de Goji, frutos del bosque, mango, aceite de macadamia, lavanda, melisa y romero, té verde… cualquier fruta y verdura nos la podemos encontrar en las etiquetas de la sección de cosmética. Entonces ¿cómo distinguimos lo que es realmente natural de lo que no? La respuesta parece sencilla, aunque no lo es. Para empezar hay que mirar la composición. En toda formulación cosmética, por imperativo legal, los ingredientes han de ir de mayor a menor concentración. Así, si una crema lleva en primer lugar Aloe Vera o Aloe Barbadensis (su nombre latino) tiene una alta concentración de principios naturales (pero también puede llevar química y no significa que sea ecológico), si por el contrario el aloe vera está justo antes de los parabenos… podéis sospechar de que es más marketing que otra cosa.

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Por otro lado, algunas marcas llevan lo que se denomina el código INCI (Nomenclatura Internacional de Ingredientes Cosméticos). Este código es internacional y, por supuesto, los ingredientes también van de mayor a menor concentración pero en este caso los ingredientes activos naturales se ponen con su nombre botánico, es decir en latín. El resto puede ir en inglés o en castellano en el caso de productos vendidos en España.

Así que productos con ingredientes naturales… podemos encontrar todas las casas cosméticas del mundo mundial porque todas en mayor o menor medida usan ingredientes naturales… la única guía que nos sirve es el orden en el que están dispuestos los ingredientes para saber cuántos principios activos naturales lleva y su concentración.

Os voy a poner un ejemplo de la firma Sueca Oriflame. Esta firma presume de ser cosmética sueca natural ¡y así nos la venden! En su línea Nature Bath and Shower podemos encontrar este gel de ducha para piel sensible con mango y yogur. ¿Rico, no? Pero si analizamos su INCI veremos que hay algunos compuestos no muy ‘naturales’.

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No sé si recordaréis lo que me contó Rob Martens de Attitude en la entrevista que le hice (de nuevo podéis leerlaaquí). Una regla muy sencilla: evitar todo lo que acabe en -ETH y los PEG-. Aquí vemos de todo un poco. Pero ¿por qué evitarlas? porque esas sustancias han llevado un proceso de etoxilación, es decir, han sido sometidas a un proceso con Óxido de Etileno y pueden tener como ‘impurezas’ tanto el propio Óxido de Etileno como 1,4-Dioxano (ambos ingredientes prohibidos por su demostrada actividad carcinogénica ¡pero como ingredientes no como impurezas!). El otro ingrediente muy preocupante es conservante 2-Bromo-2-Nitropropane-1,3-Diol… cuyas impurezas son nada más y nada menos que formaldehido y nitrosaminas (¿os acordáis de la polémica con los productos Deli Plus?, pues era por las dichosas nitrosaminas).

Todos estos ingredientes, sobre todo el 2-Bromo-2-Nitropropane-1,3-Diol han sido calificados por la EWG como altamente peligroso (tengo un post pendiente, pero os lo resumo mucho mucho: EWG es una organización sin ánimo de lucro que cuenta con una amplísima base de datos de ingredientes cosméticos y te dicen el índice de peligrosidad de los mismos (del 1 al 10), la cantidad de informes que hay sobre este ingrediente y quién ha publicado los informes).

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Otra página en la que me apoyo para ver los ingredientes es laveritesurlescosmetiques (página que conocí gracias aMissBio y su maravilloso blog). En ella se califica así este ingrediente:

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Y teniendo en cuenta que estas son las notas…

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Poco más podemos decir.

¡Ah! sí ¿y el yogur y el mango? Pues detrás del 2-Bromo-2-Nitropropane-1,3-Diol. Muchos de vosotros pensaréis “bueno, la menos no lleva parabenos” ¡si el 2-Bromo-2-Nitropropane-1,3-Diol es un conservante mucho peor!

Con lo que quiero que os quedéis es con el uso que se hace del marketing. Una firma que dice que su cosmética es natural… y sueca ¡cuándo han hecho algo malo los suecos! Segundo tenemos una línea que se llama nature bath and shower y tercero es un gel para pieles sensibles con mango y yogur. Y aún nos dicen que el mango hidrata y el yogur suaviza y alivia ¡pero si están en proporciones inferiores al 0,1%!

¿Que cómo lo sé? Pues mirando el límite que la UE establece para el 2-Bromo-2-Nitropropane-1,3-Diol cuyo tope es del  0,1%, y según el INCI, como el mango y el yogur van detrás… Pues eso, 0,4ml como máximo por bote. Ale a hidratarte, suavizarte y aliviarte…

Dos cosas he de decir en descargo de Oriflame. Una, que los ingredientes son totalmente legales y lo que está prohibido son esas ‘impurezas’ usadas como ingredientes, sólo que en cosmética ecológica SÍ están totalmente prohibidos por eso mismo: porque pueden liberar esas impurezas nada deseadas (que vienen a ser como los daños colaterales pero qué queréis que os diga, yo no me la juego). Dos: que publique el INCI de los ingredientes en su web es un ejercicio de transparencia que ya nos gustaría en otras empresas. En la mayoría de páginas web de cosmética sólo se pone las virtudes de lo que lleva y se oculta el INCI deliberadamente, así que esto les honra. Seguramente podría haber encontrado miles de productos iguales en otras webs de cosmética ‘natural’, pero, repito, es difícil encontrar empresas que publiquen el INCI.

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Bueno, después de este enorme paréntesis os lo resumo: “leed la etiqueta”. Ahora sabemos un poco más cómo distinguir los productos ‘naturales’ y si sus etiquetas llevan más literatura o más ingredientes naturales. Pero, ojo, que lleven muchos ingredientes naturales y en altas concentraciones no significa que no lleven química ni que sean ecológicos. De hecho cuando iba a tener a mi nene comencé a buscar cosmética natural y ecológica para su canastilla y compré un gel con un 95% de ingredientes naturales. No llevaba parabenos. Me pareció genial. Conforme he ido adentrándome en este mundo de química y palabros imposibles… bueno, he decidido no poner en la piel de mi nene ese gel con 95% de ingredientes naturales (que sigo buscando en algún lugar perdido de la etiqueta), porque el resto, el 5% restante eran pura química. En resumen, cuanto más natural mejor, pero no significa que no lleve química. No nos queda otra que, repito, leer la etiqueta.

Línea Bio de Yves Rocher

Luego tenemos algunas marcas que usan ingredientes naturales para sus formulaciones e intentan reducir la cantidad de químicos en sus productos o en determinadas líneas. Entre estas casas encontramos de menor a mayor implicación: The Body Shop (bueno, esta marca es un caso aparte del que haré un post pero para no liaros más os la pongo aquí), Yves Rocher, Kiehl’s (con inexplicables productos llenos de química junto con otros 100% naturales, con sello Ecocert y todo), L’Occitane, Lush… y otras de alta cosmética como Clarins, Decléor o Darphin. Algunas de ellas tienen líneas Bio certificadas y poco a poco van extendiendo esa política al resto de sus cosméticos, como es el caso de L’Occitane, que fue una de las primeras marcas que, por iniciativa propia, redujo la cantidad de parabenos muy por debajo del límite cuando comenzaron las sospechas de actuar como disruptores endocrinos y tienen la política de optar siempre por sustancias naturales entre dos ingredientes con las mismas funciones. Otras marcas con líneas Bio son The Body Shop e Yves Rocher, pero, en el caso de The Body Shop sorprende que fuera de esa línea todo lleve tanta química ¡qué chafón! Clarins, por su lado, tiene aceites 100% vegetales, como el de loto o el de orquídea, y unos estrictos estándares de calidad que incluyen el uso de principios naturales en abundancia (pero también mucha química en algunos). Decléor y Darphin, por su lado, cuentan con aceites deliciosos, líneas completas 0% química y con sello ecológico en el caso de Darphin. Ambas casas tienen unos estándares de calidad muy altos y no usan siliconas ni parabenos en la mayoría de sus formulaciones. Mención aparte también merece Lush, marca de la que me declaro total y absoluta enamorada con un 60% de productos libres de conservantes químicos y SLS, SLES, y con ingredientes orgánicos. En definitiva lo que une a todas estas marcas tan diferentes entre sí (Lush y Clarins se parecen como un huevo a una castaña), es su afán por mejorar y ofrecer productos lo más naturales posibles, reduciendo cada vez más los ingredientes químicos y con determinadas líneas o productos líneas 100% naturales que, en algunos casos, son también ecológicas. Lo malo es que todos estos coqueteos naturaleza-química no hacen sino confundir (más) al consumidor. ¿Qué hacemos? ¡pues que nos toca leer la etiqueta para saber qué lleva cada producto!

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Después de estas marcas, continuamos avanzando hacia una cosmética más natural con firmas como Amie, Yes To Carrots, Keims, Mamamio, Korres, Apivita … y un largo etcétera (también con muchísimas diferencias entre unas marcas y otras, en la formulación y en la filosofía, pero os he querido poner marcas de gran consumo con marcas más selectas a modo de ejemplo). Afortunadamente, cada vez son más las marcas que usan ingredientes naturales (hasta en un 95%) y prescinden de químicos nocivos (parabenos, aceites minerales y otros derivados del petróleo, siliconas, SLS, SLES, etalonaminas, PEG’s, perfumes y colorantes sintéticos…), cada una restringe unos ingredientes y otros no pero, en definitiva, llevan la menor cantidad posible de químicos. No es una moda, no lo ponen en una sola línea o producto. Es una política de la marca: no usan químicos sospechosos de ser dañinos para nuestro organismo. Eso nos da una garantía mayor que las marcas que antes hemos mencionado. Algunas de estas firmas tienen sellos que garantizan que son productos naturales, otras no.

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Pero, hasta el momento, ninguna de estas marcas es ecológica (aunque alguna de ellas tenga líneas 100% ecológicas como la de bebés de Apivita), es decir, sus métodos de producción son los tradicionales y los productos que usan no están etiquetados como orgánicos. Me explico. Pueden ser 100% naturales pero que esos productos naturales hayan sido tratados con pesticidas químicos o pueden ser OGM (Organismos Modificados Genéticamente)… Una vez más… sí, tenemos que seguir leyendo, pero ya con más confianza porque estas empresas ponen bien claro lo que NO usan, así que nos facilitan mucho más la tarea.

Vale, pero si estos productos no son bio, entonces ¿qué es una marca ecológica?

Una marca ecológica, biológica u orgánica, más conocida como Bio u Eco a secas, es aquella que utiliza para la producción de sus productos un método de producción ecológica. De acuerdo con el Reglamento (CE) no 834/2007 del Consejo de 28 de junio de 2007 sobre producción y etiquetado de los productos ecológicos y por el que se deroga el Reglamento (CEE) no 2092/91 (ese que permitía llamar Bio a casi todos los productos y por el que la UE nos regañó) “la producción ecológica es un sistema general de gestión agrícola y producción de alimentos que combina las mejores prácticas ambientales, un elevado nivel de biodiversidad, la preservación de recursos naturales, la aplicación de normas exigentes sobre bienestar animal y una producción conforme a las preferencias de determinados consumidores por productos obtenidos a partir de sustancias y procesos naturales. Así pues, los métodos de producción ecológicos desempeñan un papel social doble, aportando, por un lado, productos ecológicos a un mercado específico que responde a la demanda de los consumidores y, por otro, bienes públicos que contribuyen a la protección del medio ambiente, al bienestar animal y al desarrollo rural”.

De aquí sacamos varias ideas que conforman la base de lo que es un producto ecológico: preservación de los recursos naturales, bienestar animal, productos obtenidos a partir de sustancias y procesos naturales.

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Y hablando de cosmética en particular, es aquella cuyos ingredientes proceden de explotaciones ecológicas, orgánicas o biológicas, basadas en la utilización óptima de los recursos naturales, sin emplear productos químicos de síntesis, uorganismos genéticamente modificados (OGMs) logrando de esta forma obtener productos orgánicos a la vez que se conserva la fertilidad de la tierra y se respeta el medio ambiente. Todo ello de manera sostenible y equilibrada. No usan químicos dañinos (no sólo en el INCI de sus productos, sino que si llevan aceite de almendras dulces, garantizan que esos almendros no han sido tratados con pesticidas y que no son almendras transgénicas), no llevan siliconas, ni parabenos, ni PEG’s, ni aceites minerales, ni perfumes de síntesis ni colorantes artificiales, no son testadas en animales y muchas de ellas son veganas (no utilizan ningún derivado animal, ni huevos, ni leche, ni miel).

Krous cosmética+natural, una delicia de productos

Aquí quiero hacer un alto, ya que el hecho de que un producto sea apto para veganos significa que no se ha usado ninguna materia prima animal, ni grasas animales, ni colorantes como el rojo cochinilla, ni han sido testados, ni tienen derivados lácteos, miel, lanolina, cera de abejas… No sólo no usan materias de animales sacrificados en sus productos, sino tampoco aquellas que ‘fabrican’ los mismos y para los que no se ha sacrificado ni se ha provocado sufrimiento alguno a los animales (miel, cera virgen, propóleo…) Esto a veces confunde porque las personas piensan que apto para veganos significa ecológico y NO. He visto… y comprado muchos productos llenos de química pero aptos para veganos, con el sello del conejito y todo.

Todo esto me lleva a hablar de los certificados ecológicos que no son más que una maraña casi imposible de descifrar…

Si bien la UE tiene un sello ecológico que se aplica a los geles y champús (y a la ropa, los detergentes, las maderas, los ordenadores, la hostelería, vamos a casi todo como podéis ver aquí…), en España este sello está más asociado a la ropa de algodón orgánica y a los detergentes que a la cosmética. Podéis ver el listado de empresas cosméticas que tienen esta etiqueta aquí (tenéis que poner el país y el tipo de producto para que os salga el listado completo). Pero, en el seno de la UE, no hay ninguna ley que obligue a las empresas que producen productos naturales o ecológicos a certificar éstos, de hecho hay muchas casas de cosmética ecológica que no certifican todos sus productos. Esto es así porque en el seno de la UE no hay ni una normativa única ni un certificado único para cosmética más allá de la Ecolabel (y con criterios bastante generales), por lo que se ha dejado en manos de empresas privadas la certificación. Es un poco como que una empresa cumpla con normas ISO de AENOR (una empresa certificadora independiente), no sólo da prestigio sino que asegura a los clientes y proveedores que esa empresa cumple con unos requisitos medidos y evaluados por un ente ajeno a la propia empresa y que son idénticos para todas. Pues lo mismo con los sellos ecológicos. Yo siempre leo los ingredientes, pero reconozco que cuando veo un sello se me abre el cielo ¡ya sé a qué atenerme!…, porque ya sé lo que NO me voy a encontrar en ese producto y lo que SI voy a encontrar. El problema viene cuando proliferan los sellos con diferentes exigencias, cada país decide establecer su propio estándar ecológico y determinadas grandes empresas como Carrefour se montan su propio sello de calidad ecológica ‘because i worth it’.

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Todo esto, lejos de ayudar al consumidor, lo desalienta, ya que los sellos europeos tienen estándares similares, pero si los comparamos con los australianos o los de EE.UU., la cosa cambia.

Font: https://elblogdeninabenito.wordpress.com/2013/05/24/el-engano-de-lo-natural/