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El mercado internacional de semillas está en plena expansión. Según un informe reciente de la consultora MarketsandMarkets, el negocio internacional de semillas llegará a los 92.000 millones de dólares en 2020, con un incremento de hasta el 12 por ciento anual durante los últimos años. Otro reciente estudio, del Grupo ETC, afirmaba que seis firmas transnacionales (Monsanto, DuPont, Syngenta, Bayer, Dow y BASF) controlan el 60% del mercado comercial de semillas y el 100% de las semillas transgénicas; ostentan además el 76% de las ventas globales de agroquímicos y el 75% de toda la investigación del sector privado sobre la agricultura.

Estas empresas controlan una parte cada vez mayor de la alimentación humana y conforman un grupo de presión cada vez más poderoso ante los legisladores de las naciones. ¿Pero cómo se ha llegado hasta aquí?

El movimiento por legislar las semillas

Las semillas son la base de la agricultura. Durante siglos, los campesinos seleccionaron una parte de la simiente, la que presentaba mejores características, para poder plantar la próxima cosecha, mientras que el resto se destinaba al consumo humano, ya que a menudo las semillas son una de las partes más nutritivas de las plantas.

Esto cambió fundamentalmente a partir de los años 80, después de que el Tribunal Supremo de Estados Unidos decretara que los organismos vivos también son patentables. Una década antes, Monsanto había descubierto el glifosato (conocido comercialmente como Round up), un herbicida tan potente que a menudo exterminaba no sólo a las malas hierbas sino también a la cosecha principal que supuestamente debía proteger. Monsanto investigó así nuevos cultivos resistentes al herbicida que culminaron en la primera soja transgénica, que empezó a comercializarse en 1996.

Comenzó así el rápido ascenso de la industria de las semillas, uno de los sectores que más innovación científica incorpora, pero que pone en peligro la soberanía alimentaria en buena parte del mundo precisamente por esos derechos de propiedad industrial sobre la simiente.

Los esfuerzos por regular este sector habían comenzando, sin embargo, antes. En 1961 se creó la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV), una organización internacional con sede en Ginebra que asume como misión “proporcionar y fomentar un sistema eficaz para la protección de las variedades vegetales, con miras al desarrollo de nuevas variedades vegetales para beneficio de la sociedad”. El esfuerzo de esta entidad se ha encaminado a salvaguardar los derechos de propiedad intelectual sobre las llamadas obtenciones vegetales -esto es, las semillas- a través de un sistema de registro similar a las patentes.

La UPOV ha impulsado tres acuerdos desde su creación de 1961, pero es la versión de 1991 -que han aprobado ya los países de la Unión Europea- la más restrictiva en este sentido. Los miembros firmantes se comprometen a realizar modificaciones en su legislación que privilegian la venta de las semillas genéticamente modificadas y llegan a prohibir el uso de semillas no certificadas. En algunos países, la suscripción de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos o con la Unión Europea implican el compromiso de suscribir el Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales de 1991 (UPOV 91)

¿Cuál es el impacto de estas patentes en el mundo?

El impacto y la forma en la que se aplican esta legislación en el mundo ha variado. Estos son algunos de los ejemplos más destacados:

Colombia. La firma del TLC con los Estados Unidos, vigente desde 2012, obligó a la suscripción de la UPOV 91, cuya adaptación a la legislación local derivó en la Resolución 970, que obliga a los campesinos a utilizar exclusivamente semillas certificadas, esto es, patentadas por las empresas del sector del agronegocio –en su mayoría, extranjeras- y les prohíbe continuar una práctica ancestral: guardar las mejores semillas para la siguiente cosecha. El documental ‘970’ se convirtió en un éxito viral en internet gracias al que muchos colombianos conocieron que, en Colombia, regalar o intercambiar semillas era delito. La película narra la injusticia contra unos campesinos del departamento del Huila, en el interior del país, a quienes se requisaron 70 toneladas de semillas de arroz no certificada; muchos de ellos fueron judicializados, aunque reclaman que nadie les comunicó la nueva normativa. En agosto de 2013 estalló en el país un paro agrario que incluyó la derogación de la 970 entre sus reclamaciones; la presión obligó al Gobierno a dejar de aplicar la norma y a trabajar en una nueva normativa que, temen las organizaciones, podría ser igual o peor.

Chile y Argentina. En ambos países avanza en las cámaras legislativas la aprobación de leyes que, a ambos lados de la cordillera andina, se han llamado Ley Monsanto por las ventajas que otorgará a la multinacional estadounidense.

España. El BOE publicó en 2007 la ratificación de la UPOV 91. Supone la prohibición de guardar y reutilizar variedades protegidas, salvo en casos excepcionales, y se aplica a todos los géneros y especies vegetales.

India. En India, el mercado de semillas se desarrolló sobre todo a partir de 1998, cuando el Banco Mundial obligó a liberalizar el sector. Ahora, India se ha convertido en el sexto mercado mundial de semillas y sus cifras crecen a una velocidad dos veces superior a la media mundial…

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