Qué hacer para no contribuir (o contribuir menos) a un sistema perverso

Foto: Mujeres reflejadas en el escaparate de una tienda en el centro comercial Ermou Street, en el centro de Atenas (Reuters).

Si todos viviéramos como los estadounidenses, necesitaríamos 3,9 planetas. Los consumidores tienen un gran poder con sus decisiones de compra, pero el papel del estado y las empresas es fundamental. (Foto: Mujeres reflejadas en el escaparate de una tienda en el centro comercial Ermou Street, en el centro de Atenas, Reuters)

Los datos nos dicen que cada vez gastamos con mayor celeridad los recursosgenerados por la Tierra en un año y que si todos viviéramos como los estadounidenses, necesitaríamos 3,9 planetas para saciar nuestro ritmo de consumo (2,3 si el modo de vida generalizado fuera el de los españoles). También nos dicen que en el mundo hay 900 millones de trabajadores pobres, es decir, que, a pesar de trabajar, no tienen lo mínimo para vivir. La cifra supone el 30% del total de las personas con empleo, según la Organización Internacional del Trabajo, a las que se añaden 21 millones de seres humanos que viven en situación de esclavitud. Son solo algunas de las consecuencias del modelo actual de producción, situaciones escondidas tras aquellos productos que nos ofrecen cada día las coloridas estanterías de los supermercados.

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La universidad se pliega al mercado

La universidad se pliega al mercado

‘Mientras, las empresas asumen el papel de educadores en sostenibilidad’

En las últimas décadas, las grandes empresas han ido incorporando a su comunicación corporativa la idea de responsabilidad hacia la sociedad y el medio ambiente. Además de mantener alianzas y convenios con diversas entidades educativas, las mayores empresas anunciantes elaboran y difunden materiales didácticos para una “ciudadanía sostenible”, arrogándose un estratégico papel como agente social educador, que consolida su reputación corporativa. Mientras, la universidad se termina por orientar al mercado: éste parece ser el único fin de la educación. (Foto Robert S)

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Mis queridos filósofos

‘En la filosofía canjeamos por ideas claras y distintas nuestras perplejidades. Sirve para defendernos de la banalidad y desenmascarar los discursos baratos, tramposos y fatuos de la mayoría de nuestros políticos’.

Ocurre a veces que uno necesita reconciliarse formalmente con la razón, días en que el mundo se vuelve opaco y el alma se siente huérfana de conceptos y anhelosa de armonía y claridad. Es el momento entonces de regresar a la filosofía. Y es que a veces el conocimiento intuitivo y emocional del arte y de la literatura empacha y cansa, quizá porque su empeño no es tanto esclarecer las cosas como enriquecerlas y, valga la paradoja, iluminarlas con nuevos enigmas, de modo que en la filosofía descansamos de ese oscuro entender y, por decirlo así, canjeamos por ideas claras y distintas nuestras perplejidades y vislumbres, como quien convierte su incierta mercadería en letras de cambio bien acreditadas. (Imatge: EDUARDO ESTRADA)

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ECOLLAURES-SPG. Garantía de calidad ecológica avalada por colectivos de labradores y consumidores.

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SPG-Ecollaures (Sistema Participativo de Garantía-Ecollaures) es un pequeño experimento localizado en la Comunidad Valenciana sobre la autogestión en la producción y la distribución para el consumo de la agroecología. Su objetivo es transformar el entramado de intereses particulares en la agricultura ecológica en un panorama cuya base sea el bien común, el escenario local y la participación de todos en las decisiones claves.

Llevan practicando este sistema cuatro años en l’Horta de Valencia, en algunas comarcas próximas y en el norte de Alicante. Son pocos, y aspiran a crecer, aunque no se han tomado su trabajo como un reto. Lo más difícil, admiten, es aprender a trabajar como colectivo, es decir, combinar con aprovechamiento los puntos de vista y las necesidades de protagonistas diversos, los productores por una parte y los consumidores por otra. Una vez conseguido este primer paso, entienden que el ejemplo se difundirá en la sociedad de un modo espontáneo, contraviniendo los intereses y las “leyes” del mercado.

Una de las características de SPG-Ecollaures es que actúan sobre un terreno abonado por la reflexión política, sociológica y, evidentemente, con un conocimiento técnico agrícola. Enotras palabras, según los modelos de una filosofía política arraigada en la responsabilidad y el conocimiento.

Nuestro interlocutor ha sido Xavier Luján Estellés, nacido en Carpesa hace 32 años.

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Así nos engaña a diario la industria alimentaria: trucos que son legales

Foto: Nunca debes fiarte del reclamo publicitario de los envases. (iStock)

‘Aunque una etiqueta se ajuste a la ley, puede incluir frases publicitarias que fomentan los malentendidos y la confusión. La OCU ha lanzado una campaña para denunciar esta práctica’.

Mirar el etiquetado de todo aquello que metemos en nuestra cesta de la compra es la mejor manera de saber qué estamos comiendo, pero por muy cuidadosos que seamos siempre podemos llevarnos alguna sorpresa.

El pasado diciembre entró en vigor el Reglamento europeo 1169/2011 que marca qué y cómo debe aparecer la información en las etiquetas de los productos envasados. Las etiquetas son ahora más completas y a pesar de notables ausencias como las grasas trans, podemos saber a ciencia cierta lo que estamos comprando. Pero claro, hecha la ley, hecha la trampa. La industria alimentaria está obligada a reservar un espacio de los envases para listar los ingredientes de sus productos, pero no tiene por qué informar de ellos en el resto del paquete. Y es aquí donde tratan de colárnosla una y otra vez.

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